Por: Rafael Oseguera ReyesDE TOCHO MOROCHO
Hace unos días me encontraba en el consultorio leyendo el periódico, cuando en ese momento llego un afligido paciente. Se le veía bastante mal física y anímicamente. Su cara reflejaba un profundo dolor. Dicen por ahí que los ojos son el espejo del alma, pues bien, sus ojos eran grandes y negros, con un tono amarillento, propios de una vida llena de pobreza, enfermedades y sobre todo de olvido. Con su mano agrietada y temblorosa, tapaba su boca al hablar y la deslizaba suavemente hacia un lugar específico.
Me imagine que tal vez sufría de un terrible dolor en algún molar y lo digo por el lugar hacia donde dirigía su mano al permanecer callado. Tristemente observándome de su boca surgió una tímida pero a la vez, desesperada pregunta… -“¿Doctor, cobra mucho por la consulta?”. Sus palabras me ubicaron en la realidad de un mundo materialista y avaricioso. El temor de ese paciente por saber cuánto le iba a cobrar, era mucho más grande que su dolor y vaya que el dolor en general es horrible. El dolor físico y el dolor espiritual es algo que no se le debe desear a nadie. Pues bueno, llegue a un acuerdo con mí ahora paciente y después de unos minutos lograba finalmente extraerle su deteriorado molar. Ya recuperado por lo menos de su dolor físico me dijo… -“Tenia más miedo de lo que me iba a cobrar, que de la aguja, y aun mas de que fuera a cobrarme en dólares. Con lo devaluado que esta el peso”.
Si bien esta es una situación muy común en muchos consultorios médicos y dentales, nos deja un panorama poco halagador. México es el país en donde no pasa nada y se ha ido convirtiendo en un icono de la pobreza, la corrupción, la impunidad y la negligencia. En México enfermarse es un lujo. La salud debe ser una prioridad del Estado, y debe de ser garantizada para todos los residentes de nuestro país. Pero no sucede así realmente, existe una enorme carencia de verdaderos profesionales comprometidos con la sociedad y una deficiencia abismal en los sistemas e instituciones de salud. Por ejemplo en el IMSS, muchas personas pierden horas y horas de su vida para una simple consulta médica o dental. Cuando finalmente llega su turno se enfrentan al clásico medico o dentista “balín” que inmediatamente y sin por lo menos revisar al paciente aplica la famosa “Operación Receta”, cuantas personas no habran escuchado las siguientes palabras: -“No, no, no, trae muchísima infección, tenga una receta y vuelva la semana que entra”-. Son fregaderas y disculpe usted, pero es que no se vale.

Cabe hacer mención que afortunadamente no todos los trabajadores del Seguro Social (médicos, enfermeras y secretarias) son así, pero la mayoría son prepotentes, déspotas y negligentes. Carecen de valores, ética y de un verdadero espíritu de servicio. La mayoría de ellos están adentro por ser “la hija de la jefa de enfermeras” o “el sobrino de…”, y es que realmente quien se encarga de contratar es el sindicato.
El Sindicato de Trabajadores del IMSS es una autentica mafia, y solo los recomendados o los que tienen “palanca” entran a trabajar a este tipo de instituciones y no la gente que verdaderamente tiene la capacidad de atender al pueblo, y lo digo con conocimiento de causa, nadie me lo dijo, yo vi con mis ojos como se grapan en la mayoría de las ocasiones las solicitudes de empleo con los tarjetones del empleado que quiere meter a su “familiar” o acomodar al camarada y eso da como resultado servidores de la salud con plazas heredadas y muy pobre espíritu de servicio, al final de cuentas el único afectado es el paciente o derechohabiente, que por no perder horas y horas de su vida en el IMSS o no tener que soportar malos tratos de secretarias, médicos y enfermeras, acuden a consultorios y clínicas privadas enfrentándose en la mayoría de las ocasiones con los atropellos, cobros excesivos y poco espíritu de servicio de los médicos particulares que solamente buscan la manera de “fregar” al ya fregado paciente.
Cabe hacer una importante aclaración para no herir susceptibilidades “afortunadamente no todos son así”, pero bueno si a alguno le queda el saco y se lo pone pues es su bronca. Dios nos dio los conocimientos para curar a través de nuestras manos y nuestras mentes, sanar es un don divino, no lucremos con este don, seamos justos, no pido que regalen sus consultas puesto que hay que comer, pero cobren lo justo y por qué no, si se puede pues no cobrar de vez en cuando. Aligeremos este vía crucis que llevan nuestros pacientes en busca de un derecho humano que tienen… “LA SALUD” y que en muchas ocasiones en su búsqueda solamente se encuentran con obstáculos burocráticos, mercenarios de la salud, deudas y un autentico dolor de muelas.
Puedes consultar mi columna “De Tocho Morocho” todos los viernes en el periódico “El Clarín de Agua Prieta”.
